DIOS
Nuestro Dios Creador es amor, poder y esplendor. Él es tres en uno, misterioso e infinito, y sin embargo desea una conexión íntima con la humanidad. Nos dio la Biblia como su Santa Palabra para que pudiéramos aprender más sobre Él y construir una relación con Él.
Las siguientes declaraciones describen lo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día cree acerca de Dios y su Palabra.
Textos claves: Sal. 119:105; Prov. 30:5, 6; Isa. 8:20; Juan 17:17; 1 Tes. 2:13; 2 Tim. 3:16, 17; Heb. 4:12; 2 Ped 1:20, 21.
1. LAS SAGRADAS ESCRITURAS
Las Sagradas Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento, son la Palabra escrita de Dios, dada por inspiración divina.
Los autores inspirados hablaron y escribieron movidos por el Espíritu Santo. En esta Palabra, Dios ha confiado a la humanidad el conocimiento necesario para la salvación.
Las Sagradas Escrituras son la suprema, autoritaria e infalible revelación de Su voluntad. Son la norma de carácter, la prueba de la experiencia, el revelador definitivo de las doctrinas, y el registro fiable de los actos de Dios en la historia.
Textos claves: Sal 119:105; Prov 30:5,6; Isa 8:20; Juan 17:17; 1 Tes 2:13; 2 Tim 3:16,17; Heb 4:12; 2 Ped 1:20,21.
2. LA DEIDAD
Hay un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad
de tres personas coeternas. Dios es inmortal,
todopoderoso, omnisapiente, superior a todos y
omnipresente.
Es infinito y escapa a la comprensión humana,
aunque se lo puede conocer por medio de su autorrevelación.
Es
digno para siempre de reverencia, adoración y servicio por parte
de toda la creación”.
Textos claves: Gen 1:26; Deut 6:4; Isa 6:8; Mat 28:19; Juan 3:16 2 Cor 1:21,22; 13:14; Efe 4:4-6; 1 Ped 1:2.
3. DIOS PADRE
Dios el Padre eterno es el Creador, Proveedor, Sustentador y Soberano de toda la creación. Él es justo y santo, misericordioso y gentil, lento para la ira, y abundante en amor y fidelidad.
Las cualidades y poderes exhibidos en el Hijo y el Espíritu Santo son también las del Padre.
Textos claves: Gen 1:1; Deut 4:35; Sal 110:1,4; Juan 3:16; 14:9; 1 Cor 15:28; 1 Tim 1:17; 1 Juan 4:8; Apoc 4:11.
4. DIOS HIJO (JESUCRISTO)
Dios Hijo encarnó en Jesucristo. A través de Él todas las cosas fueron creadas, el carácter de Dios es revelado, la salvación de la humanidad es alcanzada, y el mundo es enjuiciado.
Dios siendo eterno y verdadero, se convirtió también en un verdadero humano, Jesús el Cristo. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y experimentó la tentación como un ser humano, pero ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de Dios.
Por medio de sus milagros manifestó el poder de Dios y fue atestiguado como el Mesías prometido de Dios. Sufrió y murió voluntariamente en la cruz en lugar nuestro a causa de nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y subió al cielo para ministrar en el santuario celestial en nuestro favor.
Él vendrá de nuevo en la gloria para la liberación final de su pueblo y la restauración de todas las cosas
Textos claves: : Isa 53:4-6; Dan 9:25-27; Luc 1:35; Juan 1:1-3, 14; 5:22; 10:30; 14:1-3, 9,13; Rom 6:23; 1 Cor 15:3, 4; 2 Cor 3:18; 5:17-19; Fil 2:5-11; Col 1:15-19; Heb 2:9-18; 8:1, 2.
5. DIOS ESPÍRITU SANTO
Dios Espíritu Santo fue parte activa con el Padre y el Hijo en la Creación, la encarnación y la redención.
Él es tan persona como lo son el Padre y el Hijo. Él inspiró a los autores de las Escrituras. Llenó la vida de Cristo con poder. Él atrae y convence a los seres humanos; y a aquellos que responden, Él los renueva y transforma a la imagen de Dios.
El Espíritu Santo fue enviado por el Padre y el Hijo para estar siempre con sus hijos, extiende los dones espirituales a la iglesia, la capacita para dar testimonio de Cristo, y en armonía con las Escrituras la conduce a toda la verdad.
Textos claves: : (Gén 1:1,2; Luc 1:35; 4:18; Hech 10:38; 2 Ped 1:21; 2 Cor 3:18; Efe 4:11,12; Hech 1:8; Juan 14:16-18, 26; 15:26, 27; 16:7-13).
HUMANIDAD
Amorosamente diseñados como seres perfectos, Dios creó a los humanos a su propia imagen con libre albedrío y dominio sobre la tierra. Pero el pecado se coló a través de la tentación por parte de Satanás, el Diablo. Ahora la perfección de la humanidad está manchada, nuestros cuerpos y mentes corrompidos.
Nuestro mundo, que una vez fue perfecto, hoy está en una constante lucha entre el bien y el mal.
Afortunadamente, Dios tenía un plan para redimir a la humanidad a través de su Hijo, Jesucristo. Él finalmente tendrá la victoria sobre el pecado y la muerte y nos restaurará a nosotros y a nuestra tierra a su estado original de belleza y perfección.
Las siguientes declaraciones describen lo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día cree acerca de la tierra y la humanidad en el contexto del plan final de Dios.
6. CREACIÓN
Dios ha revelado en las Escrituras el auténtico e histórico relato de su actividad creativa. Él creó el universo, y en una reciente creación de seis días el Señor hizo «los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos» y descansó en el séptimo día.
Así estableció el sábado como un recordatorio perpetuo de la obra que realizó y completó durante seis días literales que junto con el sábado constituyeron la misma unidad de tiempo que hoy llamamos una semana.
El primer hombre y la primera mujer fueron hechos a imagen de Dios como la obra cumbre de la Creación, se les dio dominio sobre el mundo y se les encargó la responsabilidad de cuidarlo. Cuando el mundo fue terminado era » muy bueno», declarando la gloria de Dios.
Textos claves: Gén 1-2; 5; 11; Éxo 20:8-11; Sal 19:1-6; 33:6, 9; 104; Isa 45:12, 18; Hech 17:24; Col 1:16; Heb 1:2; 11:3; Apoc 10:6; 14:7.
7. NATURALEZA DE LA HUMANIDAD
El hombre y la mujer fueron hechos a imagen de Dios con individualidad, el poder y la libertad de pensar y hacer. Aunque fueron creados como seres libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y espíritu, que depende de Dios para la vida, el aliento y todo lo demás.
Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, negaron su dependencia de Él y cayeron de su alta posición. La imagen de Dios en ellos fue desfigurada y se sometieron a la muerte.
Sus descendientes comparten esta naturaleza caída y sus consecuencias. Nacen con debilidades y tendencias al mal. Pero Dios en Cristo reconcilió al mundo consigo mismo y por su Espíritu restaura en los mortales penitentes la imagen de su Creador. Creados para la gloria de Dios, están llamados a amarlo a Él y a los demás, y a cuidar de su entorno.
Textos claves: Gen 1:26-28; 2:7, 15; 3; Sal 8:4-8; 51:5,10; 58:3; Jer 17:9; Hech 17:24-28; Rom 5:12-17; 2 Cor 5:19,20; Efe 2:3; 1 Tes 5:23; 1 Juan 3:4; 4:7, 8, 11,20.
SALVACIÓN
Incluso antes de la creación de la tierra, hubo una guerra entre el bien y el mal. Lucifer, un ser que una vez fue perfecto y muy apreciado, se puso celoso de Dios y deseaba una posición más alta. Cuando Dios no le dio lo que quería, se convirtió en Satanás. Acusó a Dios de ser injusto.
Satanás entonces descarrió a un tercio de los ángeles del cielo, y Dios tuvo que expulsarlos. Para vengarse de Dios, Satanás comenzó a atacar a su preciosa nueva creación: la Tierra. Sabiendo que los humanos fueron creados con libre albedrío, los tentó para que se rebelaran contra la amorosa guía de Dios.
Pero Dios sabía que esto no tenía por qué ser el final de la historia de la humanidad. Demostró cuánto nos ama enviando a su propio Hijo, Jesucristo, a morir en lugar de la humanidad, para soportar el castigo final que el pecado trae (Romanos 6:23, Juan 3:16).
Sin embargo, todavía se trata de una elección. Dios nunca quiso una lealtad forzada. La opción es nuestra. Podemos sucumbir al pecado y elegir vivir para nosotros mismos, o podemos elegir aceptar el sacrificio de Jesús, seguirlo y conocerlo. Y si lo elegimos, Él promete guiarnos con su Espíritu Santo y nunca nos abandonará.
Las siguientes declaraciones describen lo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día cree sobre la lucha entre el bien y el mal, y cómo todavía hay esperanza de salvación para la humanidad a través del amoroso sacrificio de Jesucristo.
8. LA GRAN CONTROVERSIA
Toda la humanidad está ahora envuelta en un gran
conflicto entre Cristo y Satanás en cuanto al carácter de
Dios, su ley y su soberanía sobre el universo. Este conflicto
se originó en el cielo cuando un ser creado, dotado de libre
albedrío, se exaltó a sí mismo y se convirtió en Satanás, el
adversario de Dios, que condujo a la rebelión a una parte de los
ángeles. Satanás introdujo el espíritu de rebelión en este mundo
cuando indujo a Adán y a Eva a pecar. El pecado humano produjo
como resultado la distorsión de la imagen de Dios en la
humanidad, el trastorno del mundo creado y, posteriormente, su
completa devastación en ocasión del diluvio universal. Observado
por toda la creación, este mundo se convirtió en el campo de
batalla del conflicto universal, a cuyo término el Dios de amor
quedará finalmente vindicado. Para ayudar a su pueblo en este
conflicto, Cristo envía al Espíritu Santo y los ángeles leales para
guiarlo, protegerlo y sostenerlo en el camino de la salvación”.
Textos claves: Apoc 12:4-9; Isa 14:12-14; Eze 28:12-18; Gén 3; Rom 1:19-32; 5:12-21; 8:19-22; Gén 6:8; 2 Ped 3:6; 1 Cor 4:9; Heb 1:14.
9. LA VIDA, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO
En la vida de Cristo, de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, su sufrimiento, muerte y resurrección, Dios proporcionó el único medio de expiación por el pecado humano, para que aquellos que por fe acepten esta expiación puedan tener vida eterna, y toda la creación pueda comprender mejor el infinito y santo amor del Creador.
Esta expiación perfecta vindica la justicia de la ley de Dios y la gracia de su carácter; porque condena nuestro pecado y provee nuestro perdón.
La muerte de Cristo es sustitutiva y expiatoria, reconciliadora y transformadora. La resurrección corporal de Cristo proclama el triunfo de Dios sobre las fuerzas del mal, y para aquellos que aceptan la expiación, asegura su victoria final sobre el pecado y la muerte. Declara el Señorío de Jesucristo, ante el cual se doblará toda rodilla en el cielo y en la tierra.
Textos claves: GGen 3:15; Sal 22:1; Isa 53; Juan 3:16; 14:30; Rom 1:4; 3:25; 4:25; 8:3,4; 1 Cor 15:3,4, 20-22; 2 Cor 5:14,15,19-21; Fil 2:6-11; Col 2:15; 1 Ped 2:21,22; 1 Juan 2:2; 4:10.
10. LA EXPERIENCIA DE LA SALVACIÓN
En infinito amor y misericordia Dios hizo a Cristo, que no conocía el pecado, para que fuera para nosotros pecado, para que en Él pudiéramos experimentar la justicia de Dios.
Guiados por el Espíritu Santo sentimos nuestra necesidad, reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones y ejercemos la fe en Jesús como Salvador y Señor, Sustituto y Ejemplo. Esta fe salvadora viene a través del poder divino de la Palabra y es el regalo de la gracia de Dios.
A través de Cristo somos justificados, adoptados como hijos e hijas de Dios, y liberados del señorío del pecado. A través del Espíritu nacemos de nuevo y somos santificados; el Espíritu renueva nuestras mentes, escribe la ley de amor de Dios en nuestros corazones, y se nos da el poder de vivir una vida santa.
Permaneciendo en Él nos hacemos partícipes de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación ahora y en el juicio.
Textos claves: Gen 3:15; Isa 45:22,53; Jer 31:31-34; Eze 33:11; 36:25-27; Hab 2:4; Mar 9:23, 24; Juan 3:3-8, 16; 16:8; Rom 3:21-26; 8:1-4, 14-17; 5:6-10; 10:17; 12:2; 2 Cor 5:17-21; Gál 1:4; 3:13,14, 26; 4:4-7; Efe 2:4-10; Col 1:13, 14; Tito 3:3-7; Heb 8:7-12; 1 Ped 1:23; 2:21,22; 2 Ped 1:3, 4; Apoc 13:8.
11. CRECIENDO EN CRISTO
Con su muerte en la cruz, Jesús triunfó sobre las fuerzas del mal. Aquel que subyugó a los espíritus demoníacos durante su ministerio terrenal ha roto el poder de Satanás, y aseguró de su destrucción definitiva.
La victoria de Jesús nos da la victoria sobre las fuerzas del mal que aún buscan controlarnos, mientras caminamos con él en paz, alegría y seguros de su amor. Ahora el Espíritu Santo mora en nosotros y nos da poder. Continuamente comprometidos con Jesús como nuestro Salvador y Señor, somos liberados de la carga de nuestras acciones pasadas.
Ya no vivimos en la oscuridad, el miedo a los poderes del mal, la ignorancia y el sinsentido de nuestra anterior forma de vida. En esta nueva libertad en Jesús, estamos llamados a crecer a semejanza de su carácter, comulgando con él diariamente en la oración, alimentándonos de su Palabra, meditando en ella y en su providencia, cantando sus alabanzas, reuniéndonos para la adoración y participando en la misión de la Iglesia.
También estamos llamados a seguir el ejemplo de Cristo ministrando compasivamente a las necesidades físicas, mentales, sociales, emocionales, y espirituales de la humanidad. Mientras nos entregamos en servicio amoroso a los que nos rodean y en testimonio de su salvación, su constante presencia con nosotros a través del Espíritu transforma cada momento y cada tarea en una experiencia espiritual.
Textos claves: 1 Cron 29:11; Sal 1:1,2; 23:4; 77:11,12; Mat 20:25-28; 25:31-46; Luc 10:17-20; Juan 20:21; Rom 8:38, 39; 2 Cor 3:17, 18; Gál 5:22-25; Efe 5:19,20; 6:12-18; Fil 3:7-14; Col 1:13,14; 2:6,14,15; 1 Tes 5:16-18, 23; Heb 10:25; Sant 1:27; 2 Ped 2:9; 3:18; 1 Juan 4:4.
IGLESIA
Después del ministerio de Jesús en la tierra, él comisionó a sus seguidores para que se dedicaran a contar a otros sobre su amor y su promesa de regresar. Al hacer esto, también ordenó amar a todas las personas como nos ama a todos nosotros.
A pesar de lo imperfecta que es la humanidad, Dios todavía nos da el privilegio de ser parte de su ministerio. Al hacer esto, somos su Iglesia, o el Cuerpo de Cristo, todos con diferentes dones espirituales para contribuir. Él nos anima a reunirnos, apoyarnos unos a otros y servir juntos.
Las siguientes declaraciones describen lo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día cree en relación con la comunidad de creyentes en todo el mundo, la Gran Comisión de Dios, y los principios para guiar a las congregaciones locales organizadas.
Textos claves: (Gén 12:3; Hech 7:38; Efe 4:11-15; 3:8-11; Mat
28:19,20; 16:13-20; 18:18; Efe 2:19-22; 1:22,23; 5:23-27; Col
1:17,18).
12. LA IGLESIA
La iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador. En continuidad con el pueblo de Dios en los tiempos del Antiguo Testamento, somos llamados a diferenciarnos del mundo; y nos reunimos para la adoración, para la comunión, para la instrucción en la Palabra, para la celebración de la Cena del Señor, para el servicio a la humanidad y para la proclamación mundial del evangelio.
La iglesia deriva su autoridad de Cristo, que es la Palabra encarnada revelada en las Escrituras. La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, sus miembros viven sobre la base del nuevo pacto.
La iglesia es el cuerpo de Cristo, una comunidad de fe de la cual Cristo mismo es la cabeza. La iglesia es la novia por la que Cristo murió para santificarla y limpiarla.
A su regreso triunfante, se la presentará a sí mismo como una iglesia gloriosa, los fieles de todas las edades, la compra de su sangre, sin mancha ni arruga, sino santa y sin mancha.
Textos claves: Gén 12:1-3; Éxo 19:3-7; Mat 16:13-20; 18:18; 28:19, 20; Hech 2:38-42; 7:38; 1 Cor 1:2; Efes 1:22, 23; 2:19-22; 3:8-11; 5:23-27; Col 1:17, 18; 1 Ped 2:9.
13. EL REMANENTE Y SU MISIÓN
La iglesia universal está compuesta de todos los que creen
verdaderamente en Cristo; pero en los últimos días, una
época de apostasía generalizada, se llamó a un remanente
para que guarde los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Este
remanente anuncia la llegada de la hora del juicio, proclama la
salvación por medio de Cristo y pregona la proximidad de su
segunda venida. Esta proclamación está simbolizada por los tres
ángeles de Apocalipsis 14; coincide con la hora del juicio en los
cielos y, como resultado, se produce una obra de arrepentimiento y
reforma en la Tierra. Se invita a todos los creyentes a participar
personalmente en este testimonio mundial”.
Textos claves: Dan 7:9-14; Isa. 1:9; 11:11; Jer 23:3; Mic 2:12; 2 Cor 5:10; 1 Ped 1:16-19; 4:17; 2 Ped 3:10-14; Jud 3, 14; Apoc 12:17; 14:6-12; 18:1-4.
14. UNIDAD EN EL CUERPO DE CRISTO
La iglesia es un cuerpo con muchos miembros, llamados de todas las naciones, tribus, lenguas, y pueblos.
En Cristo somos una nueva creación; las distinciones de raza, cultura, aprendizaje y nacionalidad, y las diferencias entre altos y bajos, ricos y pobres, hombres y mujeres, no deben ser divisorias entre nosotros. Todos somos iguales en Cristo, que por un solo Espíritu nos ha unido en una comunión con Él y con los demás; debemos servir y ser atendidos sin parcialidad ni reservas.
A través de la revelación de Jesucristo en las Escrituras, compartimos la misma fe y esperanza, y nos extendemos en un solo testimonio a todos. Esta unidad tiene su fuente en la unidad del Dios trino, que nos ha adoptado como sus hijos.
Textos claves: Sal 133:1; Mateo 28:19, 20; Juan 17:20-23; Hech 17:26, 27; Rom 12:4, 5; 1 Cor 12:12-14; 2 Cor 5:16, 17; Gál 3:27-29; Ef 2:13-16; 4:3-6, 11-16; Col 3:10-15.